El íntimo Bauzà

El íntimo Bauzà

Mateu Bauzà (Palma, 1950) forma parte de una generación para la que la pintura acontece, no tanto una forma de entender la vida, como la vida misma. Es hombre de calma, metódico, fiel a sí mismo, teórico de la abstracción más depurada, lleno de coherencia, de conversación mesurada, con una más que loable capacidad de crear, dar vida a una pintura en equilibrio.

 

La honestidad es intrínseca al nombre de Bauzà y un vínculo indestructible de ida y vuelta entre el pintor y su obra. Este vínculo está en todas y cada una de las capas, que se van superponiendo para crear, no tanto un azul, como el Azul. El pintor disfruta de la madurez personal y pictórica, gracias a un talante reposado.

Reposado no contradice la agilidad cuando teoriza, piensa y repiensa, cavila. La honestidad es tal que no pone ningún impedimento al acceso a sus notas de taller. Cápsulas de los pensamientos más íntimos, donde encontramos referencias en el silencio, la espiritualidad, el tiempo, la percepción, la razón, la banalidad, la nostalgia o el color, que conviven con referencias evidentes a Malévich, Judd, Klein, y menos evidentes a Morandi o Matisse. Detrás un cuidadoso análisis, no es difícil, entonces, entender la pintura como una necesidad de liberar y limpiar el alma. Un tipo de terapia, en la que las emociones se funden con el cuadro, de manufactura exquisita, contundente y reposada. Una experiencia visual única, que parece ir sintiendo por capas.

 

La lucha de Bauzà es de una autoexigencia casi obsesiva. Es recurrente en la conversación la mención al equilibrio. Reconoce que lo encuentra en prácticas orientales e inevitablemente en la pintura. Bauzà ha sabido crecer, sin que haya resultado fácil. El equilibrio es un estado no en balde y la continencia es un ejercicio que requiere paz interior, aquella que el pintor ha sabido cultivar para compensar los miedos y las inseguridades que le puede generar el mundo que nos rodea, del que no rehúye. Bauzà es un teórico que se defiende pintando, en un acto de supervivencia. Mateu Bauzà es pintura, y la pintura es Mateu Bauzà.

Nuestra posición, la mirada, no es un camino fácil, a pesar de la tendencia grotesca de defenderla con unos argumentos demasiado simples. Es más noble y valiendo el reto de intentar vivir la pintura, con la mirada limpia y reflexiva. El reto es mayor en la experiencia de la pintura de Mateu Bauzà. La atracción que ejerce su pintura radica en parte en la complejidad y profundidad, que bien se merecen, en un ejercicio de humildad y cura, renegar de vagas afirmaciones.

Bauzà no esconde las fuentes pictóricas de las cuales ha bebido, bebe y beberá. A diferencia otros autores, deja a cuerpo descubierto pasos de investigación y años de estudio, numerosas notas, que le han permitido avanzar al fin y al cabo. No es hombre de florituras. En su cotidianidad se desprende del materialismo que puede llegar a ahogar el alma. Su pintura, cada capa, es un manifiesto que versa sobre aquello que es y no es necesario. Decirlo todo con la pincelada justa.

En algunos momentos, la experiencia visual parece reducirse a un abrazo de color. Es cierto que los campos de color se van superponiendo, ganando una intensidad que nos desarma. Pero es la teorización del color aquello que parece alentar Bauzà para expresar el pensamiento más profundo. Para comunicarse con el mundo. El íntimo Bauzà nos muestra el Bauzà teórico y emocional, a partes iguales. La brutalidad de la pintura de Bauzà, radica en este equilibrio.

La muestra que nos ocupa es honesta y coherente gracias a pinturas de manufactura pausada a lo largo de los últimos años, que conviven con la obra gráfica original, exquisita artísticamente y técnicamente, fruto de la intensa estancia del pintor en los obradores del Taller 6A durante los últimos meses. De formatos íntimos, que no pequeños, la compilación de la obra acontece fruto de años de investigación hacia la síntesis más radical de quien quiere y tiene mucho que decir, sin quemarlo todo. En un acto de generosidad, Bauzà pinta. Bauzà nos habla. Tiene la palabra.

 

Bel Font

Diciembre 2020

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Exposiciones